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Moi, Victoria, enfant volée de la dictature argentine
de Victoria Donda (Auteur), Alberto Manguel (Préface), Isabelle Gugnon (Traduction)

Broché: 267 pages
Editeur : Robert Laffont (4 février 2010)
Durant les années noires de la dictature argentine (1976-1983), les militaires supplicièrent et assassinèrent des dizaines de milliers de personnes. Dans les prisons, des centaines de bébés furent enlevés à leurs mères et donnés à des sympathisants du régime. A vingt-sept ans, Victoria découvre qu'elle est l'un de ces enfants. A l'époque, elle s'appelle encore Analia et ignore tout de l'histoire tragique de sa naissance. Elle ne sait pas que c'est son oncle - tortionnaire et officier haut placé dans le plus important centre de détention clandestin de Buenos Aires - qui a participé à l'arrestation et à l'assassinat de ses parents, puis l'a fait placer dans une famille de militaires sous un faux nom... Après avoir vécu tant d'années dans le mensonge, Victoria doit se réapproprier son destin, reconstruire entièrement son histoire et son identité. Grâce à une force de vie exceptionnelle, elle parvient à renaître : elle poursuit le combat politique mené par ses véritables parents, reprend son nom et se fait élire députée en 2007. Un témoignage unique sur le destin des enfants de disparus dans l'Argentine des années de plomb.
Victoria Donda est aujourd'hui la plus jeune députée argentine. Elle est née en 1977 à Buenos Aires, dans le centre de détention clandestin de l'ESMA. Elle commence à militer en 1998 dans le parti d'extrême gauche Venceremos, tout en suivant des études de droit. En 2004, elle travaille avec Alicia Kirchner au ministère du Développement social, puis participe au programme Claudia Falcon pour la défense des droits de l'homme. Elle est le 78e enfant de disparus à avoir été retrouvé.
à traduire:
María Hilda Pérez nació el 24 de abril de 1951 en Mendoza. Su familia la llamaba Corita y sus amigos La Gorda Cori. José María Laureano Donda nació en la provincia de Entre Ríos el 3 de mayo de 1955. Sus amigos le decían El Cabo. Ambos pertenecían a la organización política Montoneros. En 1976 nació Eva, su primera hija. El 28 de marzo de 1977 María Hilda fue secuestrada en la vía pública en las cercanías de Morón o Castelar, en el Gran Buenos Aires. Estaba embarazada de cinco meses. La pequeña Eva se encontraba al cuidado de la abuela materna. Por su parte, el último contacto que José estableció con su familia fue a principios de mayo de 1977. Según testimonios de sobrevivientes en agosto de 1977 la joven Hilda fue llevada a la ESMA, Escuela de Mecánica de la Armada, donde dio a luz una niña a la que llamó Victoria. Para identificarla Hilda le puso una cintita azul en una oreja
Victoria vivió su infancia en Quilmes, en el conurbano bonaerense. Cursó el colegio secundario en un colegio de monjas. Debido a su carácter explosivo y a veces revoltoso, debió pasar varias horas en un confesionario, frente al Padre Juan. Aquellas charlas sobre historia que prosiguieron a las confesiones, y el libro del Che obsequiado por el cura, le permitieron a la adolescente adentrarse en temáticas e inquietudes desconocidas hasta entonces. O como ella misma define a una nueva forma de ver la realidad.
Victoria decidió comenzar su militancia política y social en el año 1998, apenas ingresada a la carrera de Derecho en la Universidad de Buenos Aires. Allí dio sus primeros pasos en la política sumándose a la Agrupación estudiantil Venceremos, parte de la Corriente Patria Libre. Continuó con sus estudios, faltándole solo un práctico para recibirse de abogada. En aquel inicio ya amanecían parte de sus cualidades como dirigente política: una fuerte personalidad, coherencia en sus posiciones y un incipiente carisma. Estas características la impulsaron casi de inmediato a tomar responsabilidades dentro de su organización, a pesar de su juventud y escasa experiencia.
El 25 de julio de 2003, Abuelas de Plaza de Mayo, una organización defensora de los derechos humanos, recibió una denuncia sobre el caso de una niña que había sido anotada como hija propia por un miembro de las fuerzas de seguridad, quien había actuado en la ESMA durante la dictadura militar de los años setentas. Este caso estaba siendo investigado por la organización H.I.J.O.S. en coordinación con Abuelas. Meses después, Victoria fue contactada por ambas organizaciones, quienes le comunicaron la posibilidad de que fuera hija de desaparecidos.. Luego de realizar los análisis genéticos correspondientes confirmaron que los padres verdaderos de Victoria, eran José Donda e Hilda Pérez, quienes habían sido asesinados en la Escuela de Mecánica de la Armada, ESMA. De esta forma se convirtió en la nieta recuperada número 78. Sus padres continúan desaparecidos.
Un año después, a comienzos de 2004, fue convocada por Alicia Kirchner, Ministra de Desarrollo Social de La Nación, para trabajar en su Ministerio. Se desempeñó en el programa de Promotores territoriales para el cambio social y en la Dirección Nacional de Juventud. Allí llevó adelante el proyecto de difusión y promoción de los derechos humanos Claudia Falcone, que toma el nombre de una militante estudiantil, secuestrada durante la llamada “Noche de los lápices” en el año 1976. Este proyecto, especialmente diseñado para jóvenes y en particular para adolescentes, fue realizado en escuelas secundarias - del Estado y privadas - en toda la Argentina. Esta situación le otorgó a Victoria la posibilidad de conocer buena parte del territorio nacional y proyectarse como una dirigente joven y pujante.
En 2005 Victoria fue candidata a Concejal en Avellaneda por el Frente para la Victoria. Si bien no llegó a ser electa, en su cargo de Concejal suplente participó de gran cantidad de sesiones del Consejo. Fue el primero contacto de Victoria con la actividad legislativa. Durante esta experiencia, Vicky tuvo la oportunidad de presentar varios proyectos vinculados a sus inquietudes más importantes, los DDHH, las problemáticas juveniles y las cuestiones de género.
A mediados de 2007, el canal de televisión Telefé dio comienzo a Televisión por la identidad, una serie de unitarios de ficción sobre el último gobierno militar a 31 años de su inicio. Con el apoyo fundamental de las Abuelas de Plaza de Mayo, el ciclo contó historias reales y la lucha de estas mujeres para recuperar la identidad de sus nietos desaparecidos en la dictadura. En el capítulo final, que toma la forma de documental, aparece Victoria contando su propia historia.
También en 2007, se estrenó la obra de teatro Vic y Vic, en la que se cuenta la historia de vida de Vicky y de Victoria Grigera, ambas hijas de desaparecidos. La pieza, escrita por Erika Holvarsen y basada en los testimonios de ambas “victorias”, fue parte de Teatro por la identidad, un ciclo organizado por las Abuelas de Plaza de Mayo y un grupo de artistas en el complejo Paseo La Plaza de Buenos Aires.
En octubre de 2007, Vicky participó de las elecciones nacionales, ocupando el lugar 18 de la lista de Diputados Nacionales del Frente para la Victoria de la Provincia de Buenos Aires. Una vez electa, se convirtió en la Diputada mujer más joven de la historia en integrar la cámara baja del Congreso Nacional. Desde diciembre de ese mismo año Victoria trabaja en su despacho, junto al de su compañera de Libres del Sur y también Diputada, Cecilia Merchán.
En marzo de 2008, Vicky formó parte de producciones sobre el Día de la Mujer de dos de la revisas de mayor tirada nacional, Viva y Para Ti. Victoria fue convocada por dichas publicaciones por considerarla una de las mujeres jóvenes más prometedoras de la Argentina y por constituirse como un nuevo modelo de dirigente política.
También en ese mes de 2008, el realizador Adrián Jaime estrenó el documental Victoria en la ex ESMA y actual Espacio para la Memoria. El film - que luego se pudo ver en la Casa de Gobierno, el Congreso de la Nación y en salas de cine de todo el país - muestra a Vicky en la búsqueda por recuperar su identidad perdida y al mismo tiempo reconstruir la historia de militancia de sus padres.
fuente: www.victoriadonda.org.ar/
José Muñoz 2/2 : « Nous ne sommes pas une succursale de l’Amérique du Nord ou de l’Europe : on est comme on est ! »
30 janvier 2010
Dans la suite de son entretien-bilan accordé à ActuaBD, à l’occasion de son exposition à la galerie Martel (Paris), José Muñoz revient sur Alack Sinner et la partie la plus récente de sa carrière de talentueux dessinateur en blanc et noir. Ce survol de son itinéraire d’« ouvrier d’art » s’achevant par une nouvelle célébration passionnée de sa chère Argentine…

Nous en arrivons maintenant à Alack Sinner. En 1974, en Espagne, grâce à Oscar Zárate, vous avez rencontré Carlos Sampayo et vous créez une nouvelle série policière, mais pas seulement, à la croisée de vos influences sud et nord-américaines. Ainsi, peut-on penser que votre New York doit beaucoup à Buenos Aires ?
D’un côté sentimental. Pas le dessin mais, quand même, je pense que Buenos Aires se cache derrière, sous un déguisement, dans New York. Si tu regardes les formes, ce sont des formes prises, comme dessinateur, de lumières et d’ombres du cinéma nord-américain, européen, de la ville. Beaucoup de choses mélangées. Alors cela nous permet de parler de Buenos Aires comme de l’endroit dans lequel nous sommes nés. Nous nous sommes enrichis avec toutes les influences croisées cosmopolites nous ayant nourri. Mais Buenos Aires ne se retrouve pas dans les dessins de la ville. Car New York ne ressemble pas à Buenos Aires. Néanmoins, il y a un « buenos airessisme », je pense, dans mon élan. Pas du côté du résultat esthétique. Non. Il s’agit plutôt du produit de la création de Muñoz et Sampayo qui, à ce moment-là, ont vu la ville d’Alack Sinner d’après des références empruntées au cinéma, dans certaines BD dans mon cas, ou dans la littérature, pour ce qui me concerne encore, et évidemment plutôt aussi pour Sampayo. Nous avons parlé d’Arlt, à propos d’Hugo Pratt et à mon sujet. Nous pouvons parler de Julio Cortázar également. Je viens de faire des dessins d’après son récit El Perseguidor (L’Homme à l’affût, 1959), qui seront montrés dans l’exposition de la galerie Martel. C’est une histoire écrite sur la vie de Charlie Parker. Or, Cotázar a habité au n°4 de la rue Martel. Il est mort ici ! En 1984. La concierge actuelle, que je connais, qui était jeune à l’époque, était proche de lui dans ses derniers jours. Alors, il y a tout un vécu impressionnant dans cette rue !
 - 1. José Muñoz – exposition à la galerie Martel – janvier – 2010.jpg
- Cortázar, El Perseguidor - © José Muñoz, 2009.
Comment traduisez-vous le nom d’Alack Sinner ? Quelque chose comme « Hélas pécheur » ?
« Pauvre de moi pécheur », exactement. Nous avons trouvé ça avec Sampayo et beaucoup d’histoires à raconter ensuite avec ce nom. Le nom fait l’histoire…
Redresseur de torts combattant les injustices, il connaît des aventures à l’atmosphère très noire. Outre vos influences personnelles d’auteurs à Sampayo et vous, est-ce que cela provient des contextes des romans ou films inspirés de Dashiell Hammett ou Raymond Chandler, par exemple ?
Oui. Ça c’est important. Chandler et Hammett… Chandler a été un investigateur très actif du tissu corrompu, des intérêts sociaux, des femmes fatales, de la connerie humaine, de la profondeur de notre avidité, de notre stupidité, de façon narrative. Et la noirceur de l’Argentine contemporaine a joué aussi… Dans les années 1970, on ne pouvait pas retourner dans l’Argentine de nos origines… À ce moment, nous considérions notre pays comme un pays qui était en train de se suicider… Alors la noirceur de notre propos narratif a été influencée par la noirceur de la situation de notre pays. Comme dans Poisonville (Moisson rouge, 1929) de Dashiell Hammett : un règlement de comptes infini. On oublie désormais la raison pour laquelle on tue et on doit être tué. Mais on tue et on doit tuer. Et ça, c’était l’Argentine des années 1970.
Si les histoires d’Alack Sinner sont politiquement engagées, est-ce aussi en raison de l’expérience de l’exil de ses auteurs, notamment pour des raisons politiques ?
Je ne suis pas parti pour des raisons politiques, mais comme voyageur. Puis, je suis devenu exilé. Même si mon expérience de militant politique et syndical inclinait à gauche. J’avais bossé au syndicat de la presse dans ma jeunesse. Je me suis informé. J’étais en contact avec des écrivains, des journalistes de gauche. Et ce fut un moment d’excitation, guevariste, révolutionnaire, dans mon pays. Nous avons alors compris des choses qui nous ont accompagnées. J’avais goûté profondément le scénario socialiste. Ce n’était peut-être pas un scénario réalisable, mais c’était un bon scénario ! Le meilleur scénario que nous ayons… Quant à Sampayo : littérature, poésie, il a voyagé beaucoup dans sa jeunesse en Amérique du Sud. Contrairement à moi, plus sédentaire. Je sortais rarement de ma maison. [Rires.]… Lui se déplaçait sur tout le continent, toujours avec le plaisir de l’écriture. Quand nous nous sommes rencontrés, nous nous sommes trouvés des goûts communs : certaines musiques issues du jazz ou les récits policiers. Auxquels j’étais déjà sensible pour avoir dessiné auparavant Precinto 56. J’étais donc sensible à ce type de narration urbaine chaotique, s’inscrivant dans la réalité de notre sentiment et de notre limite…
Parmi vos albums élaborés depuis, en dehors d’Alack Sinner, mais à partir de ceux réalisés avec Carlos Sampayo publiés chez Albin Michel, dans les années 1980-1990, jusqu’à vos collaborations plus récentes avec Jerome Charyn ou Daniel Picouly, qu’est-ce qui vous a marqué ?
Je respecte, notamment, beaucoup ce que l’on a fait avec Jerome Charyn. J’ai commencé à connaître son travail littéraire et, après, nous nous sommes rencontrés lors d’un festival littéraire qui s’appelle « La Semaine noire », à Gijón, dans le nord de l’Espagne. Une réunion d’écrivains policiers du monde entier… Il connaissait mon travail et je commençais à connaître le sien. Ce fut comme une harmonie instantanée. Mon impression était que, Jerome, c’était un dessin qui sortait d’une de nos cases, élaborées avec Sampayo… Jerome est un gamin du quartier de Brooklyn, connu en 1981, la première fois que je suis allé aux États-Unis et, également, dans l’île de Manhattan. Lorsque je lui ai dis qu’il m’apparaissait comme une évocation sortie de l’une de nos planches, Jerome m’a dit : « Alack Sinner, c’est mon frère ! » Il a un frère qu’il trouve très similaire à Alack Sinner.
Un frère policier d’ailleurs…
Oui, exact ! Alors nous avons eu cet échange immédiat et, à ce moment-là, nous avons parlé de faire quelque chose ensemble. C’est ainsi qu’il m’a proposé Le Croc du serpent (Casterman, 1996) et Panna Maria (Casterman, 1998), qui est l’adaptation d’un roman. Mes contributions narratives y sont plus modestes qu’avec Sampayo. Je m’y suis déplacé comme un réalisateur : j’ai placé la caméra ici et là. Mais je n’ai pas contribué à la structure narrative principale : c’était déjà fait. Et ce travail fait ensemble, entre des éléments argentins et certaines atmosphères très nord-américaines, je le considère comme très réussi !
Pour revenir à la série Alack Sinner, dans son dernier volet, L’Affaire USA (Casterman, 2006), vous apportez des changements dans la vie de son protagoniste. Peut-on penser, à partir de là, que la saga va encore se prolonger ?
Nous n’avons pas trouvé d’excuse narrative intéressante, Sampayo et moi, pour l’instant, pour continuer Alack Sinner ensemble. [Rires.] Nous devons la trouver tous les trois !
 - 2. José Muñoz – exposition à la galerie Martel – janvier – 2010.jpg
- Portrait d’Alack Sinner - © José Muñoz.
Mais vous allez la trouver !
J’espère ! On parle de ça. On a également d’autres projets maintenant… Je ne suis pas très intéressé par l’idée de continuer à dessiner New York et les États-Unis. J’ai déjà donné, je crois ! Mais Alack Sinner est un personnage qui m’inquiète et m’intéresse encore, et que j’aime beaucoup. Cependant, comme je vous disais, nous n’avons pas encore d’histoire à lui offrir actuellement, après L’Affaire USA et tout ce qui se passe avec ce délire, toute cette peur impérialiste de perdre le contrôle du monde et tous les différents bureaux d’espionnage et de contrôle des choses, de gestion de la richesse. Aux États-Unis, il y a comme une obsession de tomber dans la décadence, comme Rome. Comme tous les empires. Alors, c’est un cas intéressant ! C’est le cas d’un empire qui est en train de se donner un nouveau visage… Maintenant, les États-Unis, avec Obama, me semblent plus fréquentables. Au-delà du fait qu’Obama, c’est le président des États-Unis et que, il ne faut pas l’oublier, il reste le principal manager des affaires impériales. Même s’il est sympa… On lui donne le Prix Nobel de la paix. Alors, tu vois, le scénario de la vérité est contradictoire… Bah ! Kissinger a eu le Prix Nobel de la paix. Mais tu te rends compte !
En 2007, le Grand Prix du Festival d’Angoulême vous a été décerné. A-t-il changé quelque chose pour vous ? Constitue-t-il une reconnaissance attendue ?
Oui. Une reconnaissance. Un adoubement au sein de l’académie des dessinateurs et des écrivains. On doit ouvrir l’Académie aux écrivains de la BD, je pense ! Je me suis senti comme en faisant partie. Pas laissé au dehors. J’ai aussi pris un grand plaisir à participer à la réalisation de l’exposition dédiée alors à l’Argentine.
 - 3. José Muñoz – exposition à la galerie Martel – janvier – 2010.jpg
- Planche de Carlos Gardel, la voix de l’Argentine T2 - © José Muñoz & Futuropolis.
Vous parlez de l’exposition consacrée à l’Argentine à ce moment à Angoulême, ayant également donné lieu à la publication de l’ouvrage Historieta, regards sur la bande dessinée argentine (Vertige Graphic, 2008) ?
Tout à fait. Il y avait peut-être des imperfections. Ça n’était pas complet. Mais rien n’est complet… Cependant, parfois, on nous décrit comme une succursale et ça n’est pas vrai. Nous ne sommes pas une succursale de l’Amérique du Nord ou de l’Europe : on est comme on est ! [Rires.]
Les connaisseurs savent bien que l’Argentine est un grand pays de la bande dessinée !
J’ai ainsi pu « chanter » la chanson cosmopolite de mon héritage argentin, avec plus de tranquillité désormais. Parce que je pense que mon chemin d’« ouvrier d’art », comme disait de lui-même Renoir, est un chemin très respectable !
En médaillon : portrait de José Muñoz, posant devant ses oeuvres à la galerie Martel © Florian Rubis, 2010.
Exposition José Muñoz. Galerie Martel - 17, rue Martel 75010 Paris. Du 15 janvier au 24 février 2010, du mardi au samedi, de 14 h 30 à 19 h.
www.galeriemartel.com
Carlos Gardel, la voix de l’Argentine (Deuxième partie) – Par Carlos Sampayo & José Muñoz – Futuropolis – 56 pages, 16 euros
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Pour plus de détails sur Hugo Pratt et la bande dessinée argentine : Florian Rubis, Hugo Pratt ou le sens de la fable (Éditions Belin).
(par Florian Rubis)
Cet article reste la propriété de son auteur et ne peut être reproduit sans son autorisation.
source: http://www.actuabd.com/Jose-Munoz-2-2-Nous-ne-sommes-pas
courtoisie de l'auteur
José Muñoz 1/2 : « Nous ne sommes pas une succursale de l’Amérique du Nord ou de l’Europe : on est comme on est ! »
29 janvier 2010
La galerie Martel (Paris) propose une exposition à la mesure du talent virtuose de dessinateur en blanc et noir ou, parfois, en couleurs de José Muñoz. Mémoire vivante de la BD argentine, il se livre dans un entretien-bilan et revient sur son parcours, ayant la ville de Buenos Aires pour épicentre. Où il a connu de grands maîtres tels que Breccia, Oesterheld, Pratt ou Solano López…

Carlos Gardel, la voix de l’Argentine T1 et T2, la deuxième partie venant d’être publiée (Futuropolis), vous permettent-ils de donner, avec Carlos Sampayo, votre vision de ce que l’on pourrait qualifier d’une certaine mythologie argentine ?
Oui. C’est le mythe principal de la ville de Buenos Aires dans laquelle je suis né. Nous considérons, je considère Carlos Gardel, même si ce n’est pas très original, mais vrai pourtant, comme un oncle que je n’ai pas connu. L’ombre de Gardel, la lumière de Gardel se déplacent, se promènent dans notre paysage intérieur, dans le paysage de la ville. L’ombre de Gardel emporte aussi l’ombre de ma mère et de mon père, qui étaient jeunes quand Gardel chantait. Car ils ont vécu dans cette ville de Buenos Aires exotique, de légende, de la construction du tango, d’une certaine dignité des travailleurs. Ça, c’est après, dans les années 1940. Gardel, ce sont les premiers trente ans du XXe siècle. C’est une figure centrale de la construction du tango, en rapport avec le mélange de l’immigration européenne, africaine, avec les autochtones de l’Argentine. Ils ont produit un résultat qui s’appelle le tango… On peut aussi rajouter dans ce cosmopolitisme forcené argentin la grosse composante dans le tango ou la BD des élans créatifs italiens, espagnols, polonais, français. Ainsi, dans l’école du dessin, qui est ma préoccupation principale, il y a la clarté joyeuse des Italiens, qui sont plus séducteurs et diurnes. Et le côté « noirceur » des Espagnols, qui sont plus séducteurs et nocturnes… Tandis que Gardel a été le premier chanteur du tango narratif. Il a commencé en 1917, à chanter Mi Noche triste, dans un théâtre qui s’appelait l’Esmeralda. Or, il se trouve que j’ai un petit appartement à 300 mètres de là, dans la rue Esmeralda. Mon désir, notre désir avec Sampayo, étant de rentrer, à travers les dessins et les mots, dans le paysage de la jeunesse de mes ancêtres. Dans un des processus centraux de la construction de la ville, à travers le tango argentin.
 - Portrait de Carlos Gardel
- © José Muñoz.
Peut-on dire que vous qui, jeune, avez été attiré par la culture nord-américaine, notamment le jazz et Billie Holiday, vous revenez, à une époque de plus grande maturité, au tango et à Gardel ? Est-ce une façon, à distance aujourd’hui de votre pays d’origine, de renouer avec lui ?
En effet, quand j’habitais là-bas et que j’étais un jeune adolescent d’une famille très tango, l’évidence de la ville de Buenos Aires, la réalité de mon enfance et adolescence ont provoqué un rejet envers le tango, la pression de ma famille. Alors je suis passé du côté nord-américain et du Rock’n’roll naissant : Little Richard, Bill Haley, etc. Ce fut, comme on dit, ma première réaction identitaire contre la famille. Après, je suis néanmoins retourné au quartier, renouant avec les ombres de mes ancêtres. C’était une réaction identitaire naissante inévitable. Je me suis éloigné. Et, à ce moment-là, je considérais mon entourage comme pas très exotique. Nous étions, semblablement à Sampayo et aux garçons de l’époque, un peu « colonisés » par le paysage physique et mental de la narration nord-américaine, par le cinéma nord-américain et européen. Nous vivions par l’écran, à travers le cinéma ou les planches de la BD étrangère. Celle que nous pratiquions empruntait plutôt aux thèmes narratifs nord-américains et européens. Nous étions plutôt cosmopolites et éloignés de la réalité réelle. Mais, maintenant, je peux dire que, après trente-cinq ans de vie hors de ma ville natale, mon souvenir de l’époque, mon enfance et mon adolescence sont devenus exotiques. Alors je peux les toucher avec ma plume. Parce que j’aime l’exotisme !
 - José Muñoz, en couleurs
- © José Muñoz.
Ce n’est pas la première fois que vous traitez le sujet. Car, en 1984, pour Futuropolis première mouture d’Étienne Robial, vous avez illustré le portfolio Tango y Milonga…
Oui. C’était notre première approche consciente pour Sampayo et moi de cette ville de Buenos Aires mythique. Nous commencions déjà à mythifier notre passé et, aussi, du fait de la douleur immense de la connerie militaire et criminelle, nous cherchions désespérément à trouver une explication dessinée. Le dessin touche, les mots mentionnent et, des fois, touchent aussi ! Donc, nous employions des mots touchants et des dessins touchants, pour nous toucher et nous redéfinir. Pour redécouvrir, dans notre cosmopolitisme exagéré, à ce moment-là, un peu l’origine primordiale de notre conscience. Ce fut donc Buenos Aires, le blanc et noir, le tango, les moustachus. Et Billie Holiday, dont nous avons parlé auparavant. Vous voyez, je suis un dessinateur plutôt connu pour son blanc et noir, constituant 85 % de ma production. Alors, le blanc de Buenos Aires, c’est Carlos Gardel, le noir de l’Amérique du Nord, c’est Billie Holiday : blanc et noir, tango et jazz, lumière et ombre ! Avec Sampayo, nous avons trouvé également un chemin pour nous déplacer, pour tolérer la vie et pour dessiner notre propre chemin.
Pouvez-vous nous parler maintenant de l’exposition de vos œuvres à la galerie Martel ? Qu’allons-nous y voir, Gardel et d’autres choses ?
Il y aura des fenêtres sur mon passé de dessinateur, plutôt dans ma période européenne. Ce qui veut dire à partir du commencement des années 1970-1974 jusqu’à aujourd’hui. Tout le côté nord-américain, new-yorkais, mais pas seulement. Nous avons choisi les États-Unis, l’Argentine, l’Amérique du Nord, l’Amérique du Sud et des morceaux de l’Europe. Entre autres, dans les dix ou quinze dernières années, tout le travail que j’avais fait sur la Pampa et Buenos Aires. Y compris ce que vous avez mentionné : Tango y Milonga. Tout le côté, disons, exotique argentin de ce cosmopolite diplômé que je suis. Il y aura encore, au moins, quatre ou cinq fenêtres d’inédits de la vie sur des sujets argentins relatifs à mon enfance, débutés il y a sept ou huit ans de cela. En outre, nous avons retenu d’autres éléments de travail inédits.
 - Couverture de {Carlos Gardel, la voix de l’Argentine} T2
- © José Muñoz & Futuropolis.
L’Argentine revenant constamment dans votre conversation, quelle importance revêt pour vous le fait d’être un Porteño, un habitant de Buenos Aires ?
Je me suis rendu compte, en voyageant, au fil de la vie, que je suis le produit dérivé de la ville de Buenos Aires, de ses mythes, de ses richesses et de ses pauvretés, de ses rêves et de ses cauchemars. Je suis content d’avoir, sans exagérer, une liaison affective primordiale avec ma ville et le passé de ma ville. Comme je vous disais au préalable, le côté exotique de ma ville dans le passé me donne des dessins mentaux d’une richesse extrême. Je suis excité, dans le bon sens du mot, chaque fois que je me « jette » dans des dessins tournant autour des rêves de ma ville.
Votre complice Carlos Sampayo est également né à Buenos Aires. Il y a donc, je suppose, une sorte d’osmose à ce sujet entre vous ?
Oui. Nous sommes de quartiers différents. Je suis un peu de la Pampa et un peu de la ville. De Buenos Aires. Carlos Sampayo est plus urbain, du quartier de Flores. J’ai grandi à moitié dans la ville de Buenos Aires et à moitié dans la campagne, dans un endroit qui s’appelle Pilar, à soixante kilomètres de Buenos Aires. Dans mon enfance, il était presque perdu dans la Pampa. Ce qui fait que je suis un gamin de la « rive » de la ville, où la lumière finit et commence. Une autre fois : lumière et ombre. Je suis de cet endroit-là, où la lumière finit.
L’écrivain Roberto Arlt (1900-1942), inspiration d’importance d’Hugo Pratt durant sa période argentine, n’a-t-il pas été un auteur majeur de votre propre formation intellectuelle ?
Je l’ai connu autour de mes vingt ans, avec El Juguete rabioso (Le Jouet enragé, 1926) et d’autres de ses livres. C’est une ville de Buenos Aires désespérée et presque dostoïevskienne, marquée par le cosmopolitisme de l’immigration : la ville-pieuvre qui mange ses habitants. Avec un désespoir créatif extraordinaire néanmoins. On y trouve des thèmes narratifs comme ceux de la folie croissante d’un groupe ethnique mélangé hors de contrôle. Roberto Arlt, dont les parents étaient d’origine autrichienne, est né dans la ville. Il est mort très jeune. La ville de Buenos Aires, de la deuxième moitié des années 1920 jusqu’au début des années 1940, quand il est mort, il l’a dessinée avec des mots. Ce qui est un miracle !
Par ses origines germanisantes, il fait penser à Alfred Döblin et son Berlin Alexanderplatz, notamment par cette combinaison, comme dans El Juguete rabioso, entre l’argot et la littérature mainstream. Ici, en, l’occurrence, entre le lunfardo, l’argot des faubourgs de Buenos Aires, et l’espagnol plus conventionnel, castillan…
Et cette désespérance millénaire de l’Europe centrale, de la Mitteleuropa, des tribus germaniques : toutes ces différentes essences qui se sont mélangées dans ma ville et ont donné ce produit riche que l’on appelle le Porteño.
Revenons maintenant à votre parcours de dessinateur. Dans les années 1950, à Buenos Aires, vous avez été élève de l’École panaméricaine d’Art fondée par les frères Lipszyc, amis d’Hugo Pratt. Mais où vous avez plutôt suivi les cours d’Alberto Breccia, je crois ?
J’ai commencé en 1954. J’avais presque douze ans et j’insistais auprès de mon père pour suivre des cours de dessin. J’ai rejoint pour un apprentissage l’atelier du sculpteur Humberto Cerantonio, où je me suis formé notamment à l’histoire des arts et au théâtre de marionnettes, auprès de cet homme très émouvant aux illustrations mentales très riches et qui inclinait vers une sorte de religion laïque. Mais, avant cela, j’avais déjà suivi des cours par correspondance avec une école qui s’appelait l’Instituto agentino de Dibujos l’[Institut argentin de Dessins]. C’était un cours d’une année. Je l’avais effectué avant l’École panaméricaine d’Art. Nous habitions Pilar et, par la poste, je renvoyais le travail que l’on me donnait. Après, j’ai demandé à mon père de prendre des leçons personnelles avec les gens de l’École panaméricaine d’Art, plutôt Pratt d’ailleurs. Parce que j’avais commencé à être exposé au travail de Pratt quand j’avais dix ans et j’avais été conquis immédiatement par El Sargento Kirk. On arrive avec mon père à l’École panaméricaine d’Art, dans la calle [rue] Paraná, et la première chose vue alors, ce fut Pratt. Il s’agissait d’un appartement très minuscule, des petites chambres. Pratt était un peu nerveux, avec un groupe de jeunes autour de lui. Il disait des choses en s’excitant. Il était très bronzé, vêtu d’un pantalon de cavalier et de bottes hautes…
 - {Gaucho viejo} (lavis de José Muñoz, 2008)
- Photo : © Florian Rubis, 2010.
Revenait-il d’une escapade en Patagonie ?
Je pense, parce qu’il n’était pas permis de monter à cheval dans le centre de la ville. Alors, il devait débarquer de Patagonie ou je ne sais pas ! Quoi qu’il en soit, j’ai été impressionné par la figure de cet homme, avec ses yeux bleus. Une force de la nature ! Justement, il finissait son année de professeur à l’École panaméricaine d’Art. Je n’ai donc pas eu l’occasion de suivre ses leçons directement. Mais l’enseignant qui lui a succédé, c’était Alberto Breccia. Je connaissais déjà son travail publié dans des revues du style de Patoruzito. J’ai donc eu le manque de chance d’arriver plutôt tard pour Pratt et la chance d’être là au commencement de l’année d’enseignement d’Alberto Breccia…
Hugo Pratt a été également important pour vous car, avant 1974, quand vous avez eu un passage à vide au niveau du dessin, il vous a remis sur les rails, en vous prodiguant ses conseils…
Vers 1962, 1963, 1964 déjà, il avait fait un retour en Argentine et avait dirigé le magazine Misterix, repris par l’éditeur Yago. Et il m’a appelé pour dessiner une histoire policière écrite par Eugenio Zappietro (alias Ray Collins) : Precinto 56. À propos des dessins demandés dans ce cadre, il m’avait dit : « Ça va bien ! », en tant que directeur artistique de la revue. J’ai travaillé là-dessus en 1964-1965. Il est parti au début de 1965 et le magazine, au début de 1966, a disparu. Mais, après, durant toute la deuxième moitié des années 1960, je suis rentré dans l’atelier de Francisco Solano López à nouveau, parce qu’il n’y avait pas de travail dans la bande dessinée que l’on peut dire créative. Pas de magazines. Pas d’industrie. Rien dans le bassin de Buenos Aires. Solano était retourné à Buenos Aires avec le projet de monter un grand atelier pour faire de la production pour les Anglais. Alors, de 1965 jusqu’à 1970, j’ai bossé comme assistant principal de Solano. On faisait quarante planches par mois pour les Anglais, pendant cinq ans. Donc, mon style s’est presque « solanisé ». Plus tôt, vers quatorze, quinze ou seize ans, j’avais travaillé avec Breccia. Ma famille avait des difficultés financières et j’avais besoin de gagner de l’argent rapidement. Lui et Pablo Pereyra ont su que Solano, qui faisait L’Éternaute, avait besoin d’un assistant et j’ai alors commencé à bosser avec Solano. Ensuite, j’ai illustré directement des récits d’Héctor G. Oesterheld pour sa maison d’édition : Frontera. Puis toute l’expérience de Frontera a disparu dans la détresse : à cause de la concurrence de la télévision, de la dictature, de l’inflation, du mauvais management industriel. Alors, il y a eu pour moi le retour à Misterix, avec Pratt. Après toute cette époque, je suis retourné bosser avec Solano. Mon style a plutôt commencé à être contaminé par des choses que l’on devait faire pour les Anglais. Puis, durant l’année 1973, où j’étais déjà en Europe, je suis venu à Paris. Pratt habitait au n°42, rue de Lancry. Il m’a reçu et il m’a dit : « Tu te rappelles de ce que tu faisais dans Misterix, avec Precinto 56 : c’est ça ton schéma. Tu faisais des choses intéressantes situées entre quelque chose proche de moi, de Will Gould, l’auteur de Red Barry, et Breccia. Tu avais fait quelques synthèses et ta personnalité était en train de naître dans ton travail. Tu dois retourner à cette case ! » Et il m’y a reconduit !
 - Planche de {Carlos Gardel, la voix de l’Argentine} T2 -
- © José Muñoz & Futuropolis.
Avez-vous été influencé aussi, comme Hugo Pratt, dans sa quête continue de l’épure, tout au long de sa vie, par le dessinateur d’origine chilienne Jorge Pérez del Castillo ?
Ah ! Pratt aimait beaucoup Jorge Pérez del Castillo ! Il disait qu’il avait ouvert une fenêtre concernant l’épuration du trait. Ça, entre guillemets, c’est une compétition avec toi-même ! Quand je peux m’exprimer seulement avec un trait. Et Jorge Pérez del Castillo avait un trait qui pouvait dire trois milliards de choses ! Je l’ai connu personnellement. C’était un type très chaleureux, humble. Très Chilien, avec la chanson espagnole de la particularité de la langue chilienne, qui est très gracieuse. Lui et son frère, Arturo Pérez del Castillo, qui avait un style absolument contraire…
Le dessinateur de Randall the Killer, concocté avec Héctor G. Oesterheld…
Oui. Beaucoup de travail à la plume, de la grisaille, très photoréaliste. Mais un réalisme solide. Pas léger. Il rentrait dans le détail des visages avec la plume. Ils formaient une paire de dessinateurs très touchante, les deux frères Pérez del Castillo !
Vous avez déclaré : « Je suis un fils des taches de Pratt et de Breccia. » Pouvez-vous nous en dire plus à ce sujet ?
Oui ! Je suis un tachiste figuratif. C’est grâce à eux que je possède les outils principaux pour évoluer et tolérer la vie, à l’aide des jouets qu’ils m’ont donnés. Ça, c’est une dette impayable ! [Rires.]
 - Œuvres en couleurs de José Muñoz exposées à la galerie Martel
- Photo : © Florian Rubis, 2010.
Alberto Breccia, comment était-il comme professeur ?
Sérieux. Exigeant… Nous, ses élèves, étions un sacré mélange. J’avais douze ans. J’étais le plus petit. Mais, dans la même classe, il y avait des garçons de trente ans. J’étais un des petits. On se moquait régulièrement de moi. Dans les relations de groupe viriles, le plus petit doit faire le café, tolérer les excès. Alors, c’était difficile des fois. Et Breccia, quand il trouvait que le divertissement était en train de tomber dans un délire non productif, il disait : « Venez ici travailler ! Parce que vous payez et le père de Muñoz paie pour ça. Alors, laissez-le travailler ! » Il était sévère, mais juste. Il disait des choses concernant le blanc et noir, les dessins, rapportés aux carrés des échecs. Il nous donnait aussi des impressions très fortes qui nous restaient au fond de la tête : « Ombre-lumière, blanc-noir, blanc-noir. » Il nous a donnés beaucoup de choses.
Je me passionne de longue date pour l’œuvre d’Héctor G. Oesterheld, avec lequel vous avez collaboré un moment aux Éditions Frontera. Pouvez-vous me parler davantage de lui ?
Quand j’ai commencé à l’École panaméricaine d’Art, c’était le zénith du magazine Misterix, en 1954, 1955, 1956. Après, Oesterheld a pris de l’importance et développé un désir d’indépendance. Avec Cesare Civita, patron d’origine italienne de l’Editorial Abril, éditeur de Misterix, qui avait fait venir Pratt et ses amis de la revue vénitienne de leurs débuts, l’As de Pique, en Argentine, ils ont collaboré. Puis, comme un développement naturel, Oesterheld a mesuré l’impact du travail accompli avec Pratt, Solano López et d’autres dessinateurs. Il a commencé à se diriger vers une entreprise indépendante en 1956-1957. À ce moment, j’étais l’assistant de Solano. J’apportais L’Éternaute au bureau central et tout le monde avait entre trente-cinq et quarante ans, même les maîtres parmi les dessinateurs. Solano avait trente-deux, trente-trois ans quand j’ai bossé avec lui, pas plus. Alors, j’ai montré mes petits dessins à Oesterheld. Ensuite, quand j’ai eu dix-sept ans, il m’a donné une histoire de cinq planches sur la Deuxième Guerre mondiale, dans une petite île…
C’est donc là que vous avez repris Ernie Pike ?
C’était un Ernie Pike. Le premier que j’ai dessiné était une histoire de francs-tireurs japonais cachés dans la jungle et j’ai été très prattien un moment… Non, en fait, la toute première histoire était située en Europe, en Belgique, je pense, avec des maquisards… Ou en France. C’était en 1957-1958.
Parallèlement, Hugo Pratt devait aussi continuer alors à illustrer la série ?
Oui, Pratt faisait Ernie Pike. Mais Solano également faisait Ernie Pike et Les Cahiers rouges d’Ernie Pike : des histoires pour les petits gamins. Et d’autres dessinateurs encore.
 - Fred, dessinateur de {Philémon}, et José Muñoz, lors du vernissage de l’exposition à la galerie Martel (14 janvier 2010)
- Photo : © Florian Rubis, 2010.
J’imagine aisément quelle devait être la richesse des échanges intellectuels entre Oesterheld et Pratt. Un type très cultivé comme Oesterheld, certes Sud-Américain, mais très britannique dans ses influences – il est très wellsien dans L’Éternaute, par exemple –, devait beaucoup plaire à ce dernier…
Ce sont les produits que Buenos Aires a donnés ! J’aime employer l’expression de produit dérivé… Je la place toujours dans la conversation. Car l’on doit reconnaître que l’on est fils de. Qu’on a engendré d’autres fils, mais que l’on est fils de. La lignée n’a pas commencé avec nous. Le dessinateur, il vient du fond du passé, comme dans d’autres disciplines… Je n’ai pas assisté à leurs échanges intellectuels, mais Pratt m’a raconté, et Oesterheld aussi. Hugo a donné à Oesterheld tout le côté exotique, aventurier. La vie d’Hugo, déjà, dans sa jeunesse, son adolescence : c’était comme une histoire d’Oesterheld… Solano m’a raconté qu’Oesterheld et Pratt se voyaient très souvent. Parce que Pratt n’habitait pas très loin… Pratt et Oesterheld étaient voisins… Pratt mangeait presque tous les jours chez Oesterheld et je crois qu’ils parlaient beaucoup. Pratt a donc fait écouter à Oesterheld la juste musique pour l’exciter et lui donner des envies narratives. Ce qui pourrait donner de Pratt l’image d’un disc-jockey… [Rires.] Solano me disait que Pratt exprimait le désir de faire ça ou ça, ou ça ou ça. Et, d’une certaine façon, ils se sont guidés, l’un l’autre. C’était une collaboration… Une autre chose : le conflit entre eux a éclaté ensuite, est venu à la surface. Parce que Pratt faisait de longues séquences silencieuses. Il estimait nécessaire de le faire… Oesterheld, au-delà de son talent et de la bonté de son écriture, n’était pas toujours derrière le dessinateur : il laissait les gens travailler. C’était une autre démonstration de son intelligence. Parce qu’il y a des gens qui croient guider le dessinateur comme un bras. C’est idiot ! Laissez-moi tranquille !… Donc, le différend entre eux est intervenu plus tard, pour des raisons économiques, liées à la fondation de la maison d’édition Frontera comme une coopérative, au début. Et, après, le mot coopérative a disparu. Alors c’est devenu un malentendu. Je ne connais pas les détails. Mais ce fut, comme on dit, une équivoque… Il y avait aussi un problème d’ego. Oesterheld disait : « Pratt a fait beaucoup de séquences muettes que je n’avais pas écrites ! On doit aussi parler des séquences muettes que je lui avais suggérées et qu’il n’a pas faites ! » C’était un différend entre créateurs...
En médaillon : portrait de José Muñoz © Florian Rubis, 2010.
Exposition José Muñoz. Galerie Martel - 17, rue Martel 75010 Paris. Du 15 janvier au 24 février 2010, du mardi au samedi, de 14 h 30 à 19 h.
www.galeriemartel.com
Carlos Gardel, la voix de l’Argentine (Deuxième partie) – Par Carlos Sampayo & José Muñoz – Futuropolis – 56 pages, 16 euros
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Pour plus de détails sur Hugo Pratt et la bande dessinée argentine : Florian Rubis, Hugo Pratt ou le sens de la fable (Éditions Belin).
(par Florian Rubis)
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copi, un itinéraire entre buenos aires et paris
vendredi 29 janvier à 15h30
Il disait préférer le dessin aux bombes. Copi, de son vrai nom Raul Damonte Botana, né à Buenos Aires en 1939 et mort à Paris en 1987, écrivait des romans insensés et pour le théâtre, des pièces où se retrouvent la dérision de ses bandes dessinées. Spécialiste de l’auteur argentin, Laura Vazquez retrace son parcours entre Buenos Aires et Paris.
un conférence de Laura Vazquez suivie d’une discussion. Laura Vazquez docteur en sciences sociales de l’Université de Buenos Aires et professeur d’histoire des médias et spécialiste de la bande dessinée argentine réactive le souvenir du regretté auteur de la Femme assise et des Vieilles putes.
animé par Jean-Pierre Mercier
vendredi 29 janvier à 15h30
auditorium du musée de la bande dessinée, quai de la Charente

Rodrigo Garcia, plus que Georges Wilson, « est le théâtre »
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Les Afro-Argentins rayés de l’Histoire
Source : Lucía Dominga Molina
Buenos Aires fut l’une des principales portes d’entrée par laquelle accostèrent les bateaux négriers qui avaient enlevé mes ancêtres et les vôtres de notre Mère Patrie, l’Afrique.
Il n’y avait pas de plantations ou de mines impliquant la présence d’un grand nombre d’esclaves noirs sur le territoire représentant aujourd’hui la République d’Argentine.
Cependant, notre pays a servi de passage pour que nos ancêtres soient emmenés vers Potosí, pour la sinistre exploitation minière ou pour travailler à la Casa de la Moneda, où on peut encore voir aujourd’hui les habitations inhumaines qu’ils occupaient dans la partie supérieure de l’édifice, connus sous le nom de ’duenderas’ (maison des esprits). Beaucoup d’entre eux sont restés sur cette route en tant que domestiques ou pour réaliser des travaux artisanaux dans les villes fondées par les Espagnols, parmi elles, Santa Fe de la Vera Cruz, qui est l’une de plus vieilles du pays.
Les chiffres donnés par les recensements coloniaux témoignent d’une présence importante d’Africains en Argentine. Selon le rapport de 1778, sur un total de 210.000 habitants, au moins 80.000 étaient noirs, mulâtres et ’szmbos’ (mélange noirs et métisses) ! Dans certaines villes, nous représentions 60% de la population, dans d’autres 45% ou 30% comme à Buenos Aires selon le recensement de 1810.
Selon le recensement de 1810,
les afro-argentins représentaient 60 pourcent de la population argentine.
Les noirs sont déjà présents à Santa Fe lorsque la ville espagnole est fondée pour la première fois (”Santa Fe la Vieja”, 1573). En témoignent les fouilles archéologiques réalisées dans des ruines découvertes par Don Agustín Zapata Gollán qui ont permis d’exhumer des pièces de céramiques extraordinaires (têtes, pipes, etc.) d’origine africaine. Dans son testament, Doña Jerónima de Contreras, fille légitime du fondateur de Santa Fe, Don Juan de Garay, et épouse du gouverneur Hernandarias de Saavedra, déclare qu’elle possède soixante quatre “pièces” de grands esclaves d’Angola, sans compter ceux qu’elle a offerts au Couvent Franciscain de Santa Fe, et à Fray Juan de Buenaventura, franciscain qui l’a soutenu elle, ses filles, ses beaux-fils et ses petits enfants pendant plus de 10 ans. Au moment de leur expulsion, les Jésuites de Santa Fe possédaient plus de 700 esclaves.
Pourtant, à défaut de disposer d’une documentation et de recherches profondes, on a toujours dit que le nombre d’esclaves à Santa Fe était insignifiant. Il n’y a pas de statistiques à ce sujet concernant la ville de Santa Fe dans le recensement de 1778 cité plus haut, et les chiffres de 1760 qui nous semblent peu crédibles parlent de moins de 20%. Dame Lina Beck-Bernard raconte dans ’Cinco Años en la Confederación Argentina’ le malaise que provoque en chaque habitant de Santa Fe le soulèvement du Général José de Urquiza (possiblement en septembre 1852) en ce qu’il envisageait la liberté des esclaves et donne une idée du nombre d’esclaves existants à une époque aussi avancée du siècle dernier : ’Mme D. était propriétaire jusqu’à ce matin de 30 ou 40 serviteurs, et voilà que ce soir elle s’est vue obligée de travailler elle-même dans la cuisine pour préparer le repas, et c’est également le cas pour chaque propriétaire de ces exploitations agricoles dans lesquelles travaillaient jusqu’à 100 esclaves, qui allaient se retrouver seuls et abandonnés par leur main d’œuvre d’un moment à l’autre.’
Rayés de l’histoire
Mais, tout d’un coup, comme par magie, vers la fin du XIXième siècle nous avions miraculeusement disparu, pour le plus grand bonheur de la société en général. À ce sujet, il est intéressant de lire un paragraphe du Recensement de 1895 : ’Bientôt, l’Argentine n’aura qu’une population totalement unifiée, formant une nouvelle et belle race blanche, produit du contact de toutes les nations européennes fécondées sur le sol américain.’
Les historiens essaient d’expliquer la ’disparition’ des Afro argentins en insistant sur la participation massive de ceux-ci à toutes les guerres du siècle dernier. Nos grands-parents étaient de la chair à canon pendant les invasions anglaises de 1806-1807 ; ils ont traversé, beaucoup d’entre eux enchaînés [détail à vérifier, dans la mesure où il n’est généralement pas recommandé de donner des armes à des gens enchaînés], les Andes, pour intégrer l’Armée Libératrice de San Martín, arrivant même jusqu’à Lima ; ils ont participé aux innombrables guerres intestines du pays, et le coup de grâce fut sans doute la néfaste Guerre de la Triple Alliance contre nos frères paraguayens.
Trois autres causes supplémentaires sont à signaler : la forte mortalité, associée à une faible natalité, conséquence des épouvantables conditions de vie qu’ils subissent (il est important de rappeler l’épidémie de fièvre jaune qui a frappé Buenos Aires et particulièrement les Afro-argentins) ; la fin du trafic des esclaves stipulée par l’Assemblée de l’An XIII (même si dans les faits, l’arrivée d’Africains se poursuivait. [mais clandestinement, c’est à dire dans des conditions encore plus inhumaines] ; sous le gouvernement de Don Juan Manuel de Rosas [1835-1852], le commerce des esclaves reprend à deux occasions) ; et finalement, on évoque un métissage accru, dans un contexte de manque d’hommes à cause de leur engagement dans les guerres ; enfin l’arrivée d’immigrants blancs venus d’Europe [fut un phénomène massif à partir de 1850].
Il ne faut pas oublier le fait que de nombreuses femmes noires se sont mariées avec des blancs pour que leurs enfants aient de meilleures chances, étant donné le niveau élevé de racisme dans la société.
Ces quatre causes, très logiques et très raisonnables, n’expliquent tout de même pas la pire des disparitions, jusqu’à la disparition de notre existence dans la mémoire collective. Ils nous ont rayé de l’histoire, nous n’existons pas, nous n’avons rien apporté. Nous sommes une curiosité exotique.
Il est impossible de comprendre cette réalité si on n’analyse pas le mythe de ’l’Argentine Blanche’, un mythe qui se construit vers la fin du siècle dernier avec ce qu’on a appelé la ’Generation de 1880’ pour laquelle l’œuvre de Domingo Faustino Sarmiento et Juan Bautista Alberdi s’inscrit comme antécédent et référence idéologique .
Le mythe de l’Argentine blanche et européenne’
Sarmiento voyait bien que les habitants de notre pays n’étaient pas blancs, mais plutôt métis et mulâtres. Dans cette condition ’inférieure’ il crut découvrir l’origine de son (de l’Argentine) incapacité à organiser une démocratie civile. L’immigration est le seul espoir pour l’Argentine, disait-il .
La pensée de Sarmiento est profondément raciste, soutient l’historien Nord américain Reid Andrews : ’Même si Sarmiento est considéré comme le père du système d’éducation argentin, il pensait que les idées et l’éclaircissement (blanchiement) ne s’apprennent pas autant qu’ils ne se transmettent génétiquement. L’instruction seule ne serait pas suffisante pour sortir l’Argentine de sa barbarie, il fallait qu’il y ait une réelle infusion de gènes blancs’.
Alberdi, dont l’oeuvre ’Base y Puntos de Partida para la Organización de la República Argentina’ a eu une importance capitale dans la Constitution Nationale de 1853, toujours en vigueur, soutenait que nous les Argentins ’sommes des Européens adaptés à la vie en Amérique. (…) Tout ce qu’on appelle civilisation en Amérique est européen’. Il se différenciait de Sarmiento au sujet du métissage. Tandis que celui-ci s’y opposait totalement et défendait l’idée d’un développement séparé des races, Alberdi par contre souhaitait le mélange racial, ’puisque les gènes blancs sont supérieurs, le mélange des races produirait une amélioration indéfinie de l’espèce humaine’.
Ces idées étaient (et le sont encore dans beaucoup de cas) partagées par l’immense majorité de la population. Cela génère une société dans laquelle, naître ’différent’ ou avoir des habitudes ’différentes’ qui rompent avec l’uniformité officialisée entraîne des conséquences qui se manifestent de plusieurs manières, mais qui fondamentalement blessent l’auto estime des personnes discriminées, provoquent la honte, la timidité ou conduisent directement à l’aliénation, parce qu’on veut être ce qu’on n’est pas, et qu’on finit par n’être rien du tout.
Le stigmate de notre différence
Dans ce pays fièrement ’européen’ et prétendument ’blanc’, naître avec toutes les caractéristiques et la couleur de nos ancêtres génère un stigmate qu’il faut porter comme un écriteau publicitaire qui vante notre ’infériorité’ et notre ’dangerosité ’ ; tout vela doit être mis en échec et il nous faut remettre en question la ’blanchitude’ transformée en mythe par notre histoire, et acceptée de manière consensuelle par la société.
Ce stigmate devient une partie de nous, mais une partie refoulée, douloureuse, quelque chose dont on (ne) peut parler.
On se rend peu à peu compte qu’on est ’différent’, la brebis noire dans le troupeau, une espèce de ’vilain petit canard’, que presque personne ne traite comme un être égal aux autres. Pour emprunter les mots de James Baldwin : ’Les gens nous regardent comme si nous étions des zèbres. Et vous savez, il y a des gens qui ont de la sympathie pour les zèbres et d’autres non. Mais personne ne traite les zèbres comme des personnes..’
Dans la rue, on nous regarde comme une chose curieuse, étrange. Au moins, une fois par jour, une dame blonde ou un monsieur bien éduqué me demandent : Et vous, d’où venez-vous ? D’autres essaient de t’aider (répétant le schéma familier) en te traitant comme un animal de compagnie ou en te touchant les cheveux, car ils disent que ’ça porte chance’.
Le mythe sexuel est le plus traumatisant : être noire, c’est être chaude, c’est toute une garantie de plaisir érotique, quelque chose que tout le monde accepte. Lorsque j’étais plus jeune je me demandais souvent pourquoi les blanches ne montraient jamais leurs seins à la télévision, alors qu’on exhibait toujours les femmes noires et aborigènes avec leurs grosses et belles poitrines à l’air. Il faut aller chercher l’origine de ce mythe dans les viols que nos grands-mères esclaves subissaient systématiquement et en silence, non seulement dans les plantations, mais aussi dans les maisons familiales où elles travaillaient.
On essaye dès lors de trouver des semblables, on cherche l’égal. Ce phénomène se produit à deux niveaux, l’un général, en se regroupant et en sympathisant avec d’autres ’différents’, qui portent aussi le stigmate ; et l’autre spécifique, en essayant de nous joindre à d’autres noirs, qui en général sont seuls et abandonnés, errant aussi démunis et désorientés que nous.
Une série de conséquences en découlent. Tout d’abord, on commence à s’informer, à se rendre compte que nous avons une identité ethnique, que nous avons une histoire à reconstruire progressivement, puisque dans l’histoire ’officielle’ nous avons mystérieusement disparu. Sans laisser de traces.
À cela il faut ajouter le fait aggravant que généralement, nos parents, sous prétexte d’une intégration supposée nous ont transmis peu de chose ou rien du tout de cette appartenance ethnique.
À cette étape, on commence à élaborer une réflexion intellectuelle, on commence à réconcilier notre corps et nos sensations avec notre esprit, et à prendre conscience de qui nous sommes, de ce que nous sommes. C’est un peu comme trouver le remède contre ce symptôme douloureux généré par le stigmate. On peut désormais parler, dire qu’on est noir, on peut crier que l’on est, tout simplement.
De là, on arrive à un troisième stade, la fierté, la récupération de l’estime de soi, la cicatrisation de cette plaie ouverte et de ce malaise qui nous accompagne depuis toutes petites filles. Cette fierté, le fait de sentir que nous sommes belles et beaux, porteurs d’une culture millénaire et descendants de ces braves esclaves qui se sont toujours et sans cesse battus pour la liberté et la dignité.
Tout cela entraîne la destruction du stigmate, la revalorisation de la personne même, qui va permettre l’épanouissement individuel et le plus important, aide à ne pas s’isoler dans son coin, mais à mettre en place toute une action de diffusion, de militance pour la négritude, pour pouvoir retrouver l’équilibre, pour pouvoir récupérer quand on nous dépossède et pouvoir mettre fin à la répétition du schéma, pour pouvoir par cet engagement militant acquérir un savoir, qui n’est plus seulement intellectuel, mais qui s’est transformé en un savoir plus large, qui ne reste pas seulement niché dans notre esprit, mais qui est également vivant dans chaque pore de notre peau. [2]
Références bibliographiques :
[1] Auteur de cette étude, Lucía Dominga Molina est membre de la Casa de la Cultura Indo-Afro-Americana de Santa Fe, Argentina (Maison de la Culture Indo-Afro-Am/ricaine de Santa Fe, Argentine).
Ce document est tiré de ’Afroamericanos : Buscando raíces, afirmando identidad’, serie Aportes para el Debate No. 4. (Afro américains : recherche des racines, affirmation de l’identité).
[2] Traduit de l’Espagnol par Guy Everard Mbarga
www.thotep.com
panafricain.mdi2008.com/les-afro-argentins-rayes-de-lhistoire/
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L'écrivain Tomás Eloy Martínez est mort
Publié le 01 février 2010 par mmo
(Photo : Tomás Eloy Martínez ©DR)
L’auteur de Santa Evita, le roman argentin le plus traduit dans le monde, est décédé à l’âge de 75 ans des suites d’une longue maladie.
L'écrivain argentin Tomás Eloy Martínez est décédé à l'âge de 75 ans des suites d’un cancer, a indiqué le site web du journal La Nación.
Ecrivain, journaliste et professeur, il est l’auteur de Santa Evita (paru en français chez Robert Laffont), une biographie romancée de la femme de Juan Perón qui prend comme point de départ l’histoire de sa dépouille, embaumée pour être exposée à la foule puis volée par des militaires en 1955.
Tomás Eloy Martínez a également publié en France Le roman de Perón (Robert Laffont) qui raconte la vie du défunt président argentin et Le chanteur de tango, paru en 2006 chez Gallimard.
Exilé à Caracas au Venezuela pendant la dernière dictature argentine (1976-1983), il y a fondé le journal El Diario.
Ami de l’écrivain colombien Gabriel García Márquez, il a participé à la création du Mouvement pour un nouveau journalisme ibéro-américain.
Depuis 1996, il travaillait comme chroniqueur pour plusieurs grands titres de la presse internationale tels que le New York Times, El País et La Nación.
www.livreshebdo.fr/les-gens/actualites/l-ecrivain-tom%C3%A1s-eloy-mart%C3%ADnez-est-mort/3990.aspx
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la bande dessinée argentine contemporaine
d’héctor oesterheld à carlos trillo
vendredi 29 janvier à 16h30
Observateur autant qu’acteur de l’histoire contemporaine de la bande dessinée en Argentine, qu’il connait parfaitement, Diego Agrimbau nous présente une des plus foisonnantes productions d’Amérique latine.
Le scénariste argentin Diego Agrimbau, auteur, avec Gabriel Ippoliti, de La Bulle de Bertold et de La Grande toile (Albin Michel) appartient à cette jeune génération qui a contribué à renouveler la bande dessinée sur le continent sud américain.
la présentation est suivie d’une discussion avec Diego Agrimbau
rencontre animée par Jean-Pierre Mercier
-vendredi 29 janvier à 16h30
-auditorium du musée de la bande dessinée, Quai de la Charente
source: www.citebd.org/spip.php
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Les enfants disparaissent
Les enfants disparaissent
de Gabriel BANEZ
Ed. La dernière goutte. 16 euros
Macias Möll est un horloger infirme. Tous les soirs, vers six heures, quand il a fini de réparer les montres, il se rend sur place et dévale une pente avec son fauteuil roulant. Parfois, sous les acclamations des enfants, il bat son record de vitesse… mais alors, inexplicablement, des enfants disparaissent…
Mécanique littéraire à la Borges ? Réflexion métaphysique sur le temps ? Ou parabole sur le destin tragique de l’Argentine ? On ne sait pas très bien par quel bout prendre ce livre étrange, et c’est là, justement, ce qui fait sa force. La grande pureté de la narration, réglée comme une horloge, contraste avec la complexité, la profondeur d’un propos déroutant dont le questionnement perdure une fois le livre refermé. Une chose est sûre, en tout cas : dès les premières lignes - on pourrait même dire dès le titre, tautologie faussement limpide qui dévoile toute la quintessence du roman -, BANEZ empoigne le lecteur d’une main ferme, sans jamais lui révéler sa véritable destination. Dispersés çà et là par une plume alerte et joueuse, les parcours de repères ambigus ; mais d’autres signes le poussent vers des pentes bien plus vertigineuses…
Agent d’une force obscure qui le dépasse, l’horloger Möll rejoint d’autres figures de ce fantastique sud-américain - le Morel de Bioy Casares, par exemple - au charme si subtil et si pernicieux.
Librairie Georges & Café de Georges
Forum des Arts & de la Culture 300, cours de la libération 33400 TALENCE
http://www.librairiegeorges.com/
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Desafíos literarios
Por Claudio Zeiger
Con la muerte de Tomás Eloy Martínez probablemente se cierre uno de los capítulos más ricos y agitados acerca de las relaciones entre periodismo y literatura. Tomás mismo se amparó en la documentación, la investigación, la entrevista y los archivos para escribir sus obras mayores, La novela de Perón y Santa Evita, no –pienso ahora– por desconfianza hacia el estatuto de ficción sino por una razón extremadamente literaria, casi con tonalidad de desafío. ¿Cómo hacer una novela latinoamericana en Argentina, es decir, en el seno de la historia y la literatura argentinas? Desde luego, Tomás no iba a cometer el pecado de beber sin digerir de las fuentes del realismo mágico y lo que quedaba del boom que vio nacer y crecer siendo periodista. Pero tampoco fue ajeno a esa tradición ni insensible a una posible estética emanada de caribeñas costas.
Es –era– ocioso preguntarse si lo real maravilloso se corresponde o no con una esencia geográfica/política/temperamental criolla. Si leemos a García Márquez, la respuesta es, obviamente que no. Si leemos al Ezequiel Martínez Estrada de Radiografía de la pampa, la respuesta también es no. Si leemos al Martínez Estrada de ¿Qué es esto? ya dudamos un poco. ¿Perón dictador latinoamericano, tirano prófugo? La sombra de las novelas de dictadores, con Yo, el Supremo de Roa Bastos a la cabeza, campea sobre las páginas de La novela de Perón.
Tomás solía recurrir a la crónica para atemperar –y, frente a ciertos episodios mitológicos de nuestra política, conjurar– el aspecto “mágico” de la realidad nacional y en cierta forma echar cable a tierra a la fantasía que suele desbocarse cuando el escritor le toma el gustito a eso de hacer hablar a los muertos en las novelas históricas. Puede conjeturarse que solía recurrir a las pruebas de los archivos y a las grabaciones porque –y se nota en sus textos– le encantaba el rol del escritor-investigador, figura muy cercana a la del periodista.
Sea como fuere, nunca hubo ingenuidad en esa inclinación por la “prueba de verdad”. Y sea por periodista o por escritor, resolvió en la práctica uno de esos dilemas insolubles que suele presentar la literatura argentina en su mezcla de cruces culturales. Rompió el tabú de que sólo por la vía del realismo mágico ortodoxo (por ende: imposible de trasplantar al irrepetible “ser nacional”) se podía ligar la literatura argentina a la latinoamericana (una manera de decir que nada tenemos que ver con América latina). Decir que La novela de Perón, La mano del amo o la reciente Purgatorio nada tienen que ver con el realismo mágico o la tradición latinoamericana sería absurdo, pero innegablemente Tomás cultivó a través del ejercicio del periodismo una prosa muy diferente a los chorreos de lo real maravilloso. Parco, austero, se acercó más bien a los modos de Daniel Moyano o Héctor Tizón, grandes latinoamericanos sin pecado de regionalismo concebidos.
En esa línea, su obra fue y es muy valorable. Quizás el enorme impacto comercial –y, podría agregarse, social– de sus grandes novelas haya confundido un poco a la crítica, que enfrentó su ser periodista con su ser escritor. Cosas que pasan: prejuicios y antigüedades. Pero Tomás Eloy Martínez tuvo el gran mérito de animarse a la historia contemporánea. Lo hizo con arrogancia y responsabilidad. Lo hizo con convicción, con fe en sus ideas y muy especialmente, y quizás a contrapelo de ciertas apariencias, con fe en la literatura.
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