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sobre Nardo Zalko

Par larouge • Zalko Nardo • Dimanche 02/08/2009 • 0 commentaires  • Lu 438 fois • Version imprimable

PORTEÑO, PARACAIDISTA, PERIODISTA, POSEIDO
Por Julio Nudler
San Cristóbal es el barrio de burdeles que describe José Sebastián Tallón en El Tango en sus Etapas de Música Prohibida. En sus conventillos vivieron Vicente Greco y Francisco Canaro, entre tantos otros. Allí, en un caserón de la calle Pichincha, nació en 1941 Nardo Zalko. Por eso no es extraño que la primera música que escuchara en su vida fuera un tango. Pero, además, la primera vez que oyó la palabra “París” también fue en una letra de tango. Zalko dejó San Cristóbal y la Argentina en 1960. Siete años más tarde combatió como paracaidista israelí en la Guerra de los Seis Días, y vio morir junto a él a varios compañeros. En 1970 volvió a emigrar: del kibbutz donde vivía se marchó a París, donde intentó permanecer a pesar de todas las dificultades. Allí fue reencontrándose con el tango y descubrió a Piazzolla, hasta el punto de ser hoy el secretario de la Académie du Tango de France y quien redacta su publicación, además de editor jefe del servicio latinoamericano de la agencia France-Presse. A principios de septiembre de este año, Editions du Félin editó lujosamente en Francia su libro Un siècle de tango. París, Buenos Aires, que rastrea esa apasionante historia como nadie lo había hecho hasta ahora. José Gobello, presidente de la Academia Porteña del Lunfardo, dice: “Aunque parezca joda, París es el lugar desde donde el tango llegó a la Argentina. Pero del desarrollo del tango allá no se sabía nada. Lo que se había escrito era muy parcial y no demasiado veraz ... Usted sabe a qué me refiero”. Cuando uno le pregunta si se refiere a Cadícamo, Gobello contesta: “Soy amigo de Cadícamo. No me haga perder un amigo más, que ya he perdido muchos”. Para Gobello, Zalko es el primero que ha investigado en serio la evolución del tango en París. Por eso, cuando la Academia del Lunfardo decidió hacer una edición bilingüe de Les Possédées (una serie de artículos, aparecidos a partir de abril de 1912, en los que Sem, caricaturista de la vida parisina, describe las misteriosas ceremonias de la fiebre tanguera), Gobello pidió a Zalko que escribiera el prólogo. Zalko fue el responsable del redescubrimiento de los textos y dibujos de Sem, al igual que de los diálogos entre Jean Sablon y Gardel. Cuando Gobello leyó esos diálogos en una sesión especial ante Horacio Ferrer y sus académicos del tango, éstos reconocieron que hasta ese momento no tenían noticia de su existencia. La primera idea de Zalko para el libro Un siècle de tango fue construir una antología bilingüe de los tangos que hablan de París, eligiendo entre los cientos que toman el tema. La introducción no debía pasar de las diez páginas, pero éstas se convirtieron en 357, entretejiendo dos historias: la del tango en París y la de París en el tango (en cuanto a aquella antología, algunos de esos tangos están incluidos en un compacto editado al calor del libro). Desde que apareció Un siècle de tango (en el contexto de un festival multidisciplinario sobre tango, que culminó el domingo pasado con un debate en la Sorbonne Nouvelle y un gran baile en La Coupole á Montparnasse), Zalko estuvo en seis programas de televisión y quince de radio. Casi toda la prensa escrita comentó, más o menos extensamente, el libro. Las preguntas que le hacen a Zalko en las entrevistas giran alrededor del nacimiento del tango, si es verdad lo que se dice sobre su origen prostibulario, si fue fruto de la inmigración, o si su música tiene una raíz negra. Luego quieren saber sobre las épocas del furor tanguero en Francia, y de allí saltan a la irrupción de Piazzolla, cuya música está hoy omnipresente. Las que nunca faltan son preguntas sobre el tango como danza, que les interesa ante todo por su sexualidad. La música en sí misma queda en segundo plano, y las letras mucho más. Es que hoy, en París y sus alrededores, pueden contarse unos 45 cursos de tango. Y aunque, desaparecido el Trottoirs de Buenos Aires, no hay ningún local exclusivamente dedicado al tango (sólo el proyecto de crearlo), existen varias milongas ya tradicionales en días señalados, y recitales más o menos frecuentes, de la orquesta de Juan José Mosalini y conjuntos más pequeños. Se habla mucho de tango en la radio, y en cualquier momento se lo puede ver bailar por televisión. Este interés actual no llega a parecerse a la histórica tangomanía parisina de 1907, que remitió cuando la Gran Guerra cayó sobre Francia, ni al resurgimiento de entreguerras. Dice Zalko, “los franceses siguen asociando inmediatamente Buenos Aires con tango. Pero la idea que tienen es difusa. Para mucha gente el tango es un baile, o una manera de andar, de relacionarse con la mujer. Si viene un presidente argentino, en la prensa aparecerán de inmediato artículos sobre tango. Además cualquiera sabe quién fue Gardel, aunque no lo escuchan y ni siquiera suelen saber que nació francés. Se sorprenden mucho al enterarse”.

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