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extraits de "La Aguja En El Pajar" (vo)

Par larouge • Mallo Ernesto • Samedi 04/07/2009 • 0 commentaires  • Lu 751 fois • Version imprimable

La Aguja En El Pajar (Broché)
de Ernesto Mallo (Auteur)



Broché: 215 pages
Editeur : Edtitoral Grupo Planeta
Langue : Espagnol

fragmento




- La Aguja en el Pajar -
(fragmento)

Primera Mención - Premio Clarín de Novela 2004


- 13 -

No lo oyó salir. Al abrir las celosías, por la ventana se derrama un jueves espléndido que la hace sentir llena de vida. Mira el reloj, durmió doce horas corridas. El cuerpo agradecido. Piensa en Lascano, en su tristeza en su no saber qué hacer con ella, con esta réplica de la mujer amada que se le apareció y que desea proteger como, si de algún modo, estuviera protegiendo a su mujer muerta. Lascano tiene edad suficiente para ser su padre, pero no lo es. En realidad siempre se había sentido más atraída por los hombres más grandes. En la secundaria, cuando sus amigas cuchicheaban sobre los chicos de quinto año, ella prefería fantasear con los padres de sus compañeras. Unas buenas arruguitas sonriéndole desde los costados de los ojos tenían para ella más poder de seducción que las poses afectadas de los adolescentes, siempre queriendo parecer más hombres, siempre tratando de que se les despegue el niño. A Eva la atraía mucho más un maduro bien plantado cuyo niño se expresara libremente pero a voluntad y no a traición cuando menos se lo espera.

Sale a la calle. Se va al mercado que los jueves corta una calle cercana al estruendo de los automóviles. La libre importación derrama sobre los puestos frutas de todos colores, mangos, ciruelas, peras, papayas y melones en lo más crudo del invierno. Los verduleros en sus tinglados gritan sus ofertas, los carniceros piropean a las vecinas mientras las trampean con la balanza. Es este un mundo aparte, un breve recreo, un oasis de mandarina que dura medio día los jueves y que llena los changuitos de ensaladas.

Mire que huevos.

Vocea pícaro el de la granja, al paso de Eva que se siente esta mañana bella como nunca. Y ella le mira los huevos y en verdad que son lindos. Marrones, grandes, lisos.

Lleve, doña son de doble yema.

La tarde es en la cocina. Mete en el horno un pecheto mechado con panceta, ajo, perejil y zanahoria y unas papas, como recordaba hacía su abuela. Diez minutos de horno a fuego grande, para que se dore, luego baja a fuego medio y en una horita estará listo el manjar. Algo simple y sabroso con que quiere agasajar a su protector. ¿Por qué?. Porque la protege y porque, sabe, él será el salvoconducto que la alejará de esta pesadilla en que se ha convertido la patria y en la que ahora, no quiere pensar y también porque sí. Ahora quiere adelantarse y verse en la playa con su niña mirando el horizonte y quererla y contarle de tal modo que ella no tenga que pasar por todo lo que su madre ha tenido que vivir. ¿Y si es varón?. Ahí la cosa se le pone más difícil, no logra imaginarse con un niño. ¿Cómo, de qué se le habla a un varoncito?. Así que para sus sueños resuelve que es niña que si es varón ya veremos. La casa se llena de olor a comida y Eva tiene la sensación de que es domingo y se descubre ansiosa por la llegada de Lascano que hoy está mas demorado que de costumbre. La aprensión de que pueda haberle pasado algo le clava su aguijón en el pecho, pero en ese momento la puerta se abre.

No mires. Tengo una sorpresa. ¿Qué sorpresa?. Si te lo digo ya no es sorpresa. Cerrá los ojos y dame la mano. Chiquita, déjese de pavadas. No son pavadas, estuve trabajando toda la tarde. A ver la sorpresa. Ya podés abrir los ojos. ¡Sorpresa!. ¿Y esto?. Lo hice yo solita. Bueno, bueno, vamos a probarlo.

El Perro, con la precisión de un cirujano, parte en dos la rodaja de pecheto que humea en su plato, justo por donde el amasijo de vegetales le aroma el corazón. Corta un triángulo que incluye parte de la verdurita, de la pulpa roja del centro y de la fina costra dorada y se lo lleva a la boca. No se ha equivocado la chiquita en la elección del corte. Ah, carne argentina. Consistencia perfecta, no tiene la blandura dócil del lomo, al pecheto hay que darle batalla, triturarlo con las muelas para que derrame sus jugos sobre la lengua con la gustosa complicidad del ajo y el perejil. Reconfortante cae la proteína por la garganta alegrándole el corazón. A la hora de comer vuelve a ser el niño que regresa del colegio. Lascano sirve vino. Eva se queda esperando su reacción.

¿Usted no come?. Esto le ha salido perfecto. ¿Te gusta?. No, si está delicioso.

La mirada de Lascano corretea de la carne a las papas, a la copa, a los ojos de Eva, a su boca y sonríe francamente.

La verdad, Chiquita, se lució, la carne no tiene secretos para usted.

A ella, la insinuación le sale sin aviso, como una traición.

Todavía falta lo mejor. Ah, sí, ¿qué es?. El postre. ¿También lo hizo usted?. La idea es que lo hagamos entre los dos. ¿Con qué ingredientes?. Misterio, silencio, la lluvia y el viento. ¿Y cómo se llama ese postre?. Es francés, se llama petite mort. No sabía que hablaba francés. Hay muchas cosas que no sabés de mí. Eso es cierto. ¿No te da curiosidad?. Un poco… ¿Cómo tengo que hacer para que te des cuenta de que estoy muerta con vos?. Chiquita, la prefiero viva. ¿Te vas a hacer el estúpido mucho tiempo más?. Todo lo que pueda. ¿Y por qué?. Perdóneme, pero yo ya no estoy para estas cosas. ¿Para qué cosas?. Estas cosas románticas, la cena, las miradas, las insinuaciones. Todo el mundo está para esas cosas. El que no lo está es porque se murió y no se dio cuenta. Es probable que tenga razón. Tenés miedo. Yo ya sé como termina esto. ¿Ah, sí. Y cómo termina, si se puede saber? En que uno de los dos acaba sufriendo, o los dos. ¿Y con eso qué hay?. A lo mejor a usted le gusta sufrir. A mí no. Entonces, si pensás así, ¿por qué no te matás?. ¿Y eso qué tiene que ver?. Algún día te vas a morir. Eso lo sabés. Todos nos vamos a morir un día. No amar por temor a sufrir es como no vivir por temor a morir. ¿Filósofa la señorita?. ¿Cagón el señor?. No se ponga así. ¿Y cómo querés que me ponga? ¿Creés que no me doy cuenta cómo me mirás? Dale viejo, si el deseo se te escapa por todos los poros. Usted dijo la palabra justa: viejo. Yo soy muy viejo para usted. Es verdad que me gusta, usted es muy linda, pero yo ya no ando para estos trotes. Pero, ¿será posible?. Me mato preparándote una sorpresa, no hago más que insinuarme y vos no te prendés en ninguna. ¿Qué, te doy asco?. Pero no, ¿cómo me va a dar asco? Lo que pasa es que el amor es muy peligroso. Pero mirá un poco vos. Un tipo que se la pasa tratando todo el día con delincuentes y asesinos, le tiene miedo a unos arrumacos. Esto sí que es una sorpresa. Perdonemé. Que te perdone Dios, y de paso perdonate vos mismo. ¿No te das cuenta que esto es lo único que tenés?. No me mires con esa cara de tarado. Estamos vivos ahora, estamos solos, yo te gusto, vos me gustás. Vos estás caliente conmigo, yo estoy caliente con vos. Esto es lo único que existe. Mañana podemos estar muertos los dos. ¿Qué esperás, la carroza?. Yo ya no espero nada. Entonces llorá solo, morite solo. ¿Está enojada?. Sí, y mucho. ¿Esta es una pelea?. No, un dibujito animado. Esta es sólo la primera de muchas peleas. La segunda. La segunda. Yo, ahora, te digo, me pasaría la vida peleando con vos. ¿Lo ve?, ya estamos locos. ¿Y a quién le interesa estar cuerdo en este momento?


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